Haciendo amigos fuera de Facebook…

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Estoy intentando hacer amigos fuera de Facebook. Salgo a la calle y voy dando voces diciendo a la gente lo que he comido, cómo me siento, lo que estoy haciendo y lo que haré más tarde.

Escucho conversaciones y gruto “me gusta”.

De momento ya tengo tres personas que me siguen: dos policías y un psiquiatra.

Real como la vida misma. #ChorradasWhatsApp

Amigos fuera de Facebbok

Facebook ha bloqueado mi web ¿y ahora qué?

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Facebook ha bloqueado tu página web. Si es tu página personal, por la que no recibes apenas ingresos, el asunto es menor; pero si el bloqueo le ha afectado a la web corporativa de una empresa que te paga por tus servicios, o que vive de su presencia digital, tienes un problema grave.

Esta es la crónica de un caso real, de los pasos que se dieron y de cómo se solucionó.

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Tienes una web; o un blog. Y tienes claro que tu estrategia de Comunicación Digital pasa por hacer difusión de sus contenidos en las Redes Sociales: tráfico, viralidad, linkbuilding, enlaces naturales y variados…

Es más; tienes bien diseñado un calendario de contenidos, claras las líneas argumentales, actualizas periódicamente, y tus conocimientos de SEO te permiten optimizar esos contenidos para mejorar su posicionamiento.

Sabes lo que le gusta a Google y se lo das.

Pero también sabes cuál es tu público objetivo y te diriges a él; conoces su comportamiento y sus necesidades; estudias tendencias; observas a la competencia; te formas para estar al día; usas herramientas de análisis y extraes conclusiones de los datos obtenidos que te indican lo que funciona y lo que no. Y obras en consecuencia.

Y aún más; sabes que el tráfico que consigas con la dinamización de tus perfiles digitales redundará en una mejor y mayor conversión de tu producto o servicio.

Con toda esta experiencia acumulada y tu permanente y constante buen hacer, sabes que Facebook es la red que más satisfacciones te puede proporcionar: porque sus contenidos se indexan en los buscadores; porque su publicidad es más asequible que la de Google; porque es más viral; porque es la que te permite llegar a más potenciales clientes…

Pero, de pronto, un día sucede esto:

No puedes publicar esto porque tiene un enlace bloqueado.
El contenido que intentas compartir incluye un enlace que nuestros sistemas de seguridad consideran que no es seguro.
Elimina este enlace para continuar.
Si crees que se trata de un error, infórmanos”.

bloqueo en Facebook

Y la url que aparece bloqueda es… ¡la tuya!

Y ya sabes que si te sucede a ti cuando intentas compartir tu web o blog, también les estará pasado a los demás: no podrán compartir tus contenidos ni pinchar “me gusta” en ese botón social que tienes puesto en cada página.

Como eres un profesional curtido en mil batallas digitales, te pones manos a la obra.

Lo primero que haces es seguir el consejo de Facebook y les informas, a través del formulario de Bloqueos en Facebook, de que se trata de un error:

bloqueo en Facebook. formulario de informacionAunque les explicas con todo detalle por qué crees que es un error no recibes respuesta alguna y compruebas que la situación no cambia; y como no sabes los motivos del bloqueo no puedes emprender ninguna acción que le ponga remedio.

Como todo el mundo, no te habías leído las condiciones de uso de Facebook, así que ahora te las tragas detenidamente por si has incurrido en pecado mortal. Pero no encuentras ninguna claúsula en la que aparezcan excluidas expresamente ninguna de tus prácticas habituales.

Revisas la web de arriba abajo en busca de algún enlace entrante sospechoso, de algún enlace saliente penalizado, de algún fragmento de código problemático, de algún pluggin o widget de terceros que no esté funcionando como debe, de algún contenido inaceptable … Pero no hay nada raro. Incluso eliminas alguna cosa que no te inspira confianza, por si acaso.

Acudes a tus herramientas de analítica de cabecera en busca de alguna actividad anormal o sospechosa: quizá has caído en las garras de una red de spammers y estás sufriendo un aumento inusual de seguidores, fans o de enlaces provenientes de granjas de enlaces o de perfiles falsos.

Y empiezas a sospechar que ésta podría ser la causa. Efectivamente detectas esta actividad inusual pero ni es la primera vez (sin que hubiera sucedido nada con anterioridad), ni tú la has provocado, ni has realizado ninguna acción punible. Y ni siquiera esa actividad se puede considerar excesivamente relevante en el global de tus datos anteriores.
Dejas pasar unos días en la (errónea) creencia de que será una cosa pasajera. Pero pasado un plazo razonable, Facebook sigue bloqueando tu web.

No te das por vencido fácilmente, así que cuentas tu caso en tus perfiles sociales y pides a tus seguidores que hagan lo mismo que tú hiciste: informar a Facebook de que se trata de un error. Te consta que algunos lo hacen, pero la situación no mejora.

El siguiente paso es pensar que has sido víctima de alguna venganza de la competencia, o de algún enemigo anónimo, que se han dedicado a reportar masivamente tus contenidos como spam, o algo peor. Si esas denuncias se producen en un número suficiente, Facebook procede de oficio a bloquear tu web sin más explicaciones, incluso puede llegar a bloquear tu perfil de usuario o tu página de empresa. Pero no tienes forma de averiguar si esto es lo que ha sucedido, así que, con la mosca detrás de la oreja, sigues dándole vueltas a la cabeza.

Como van pasando las semanas y nada de lo anterior ha funcionado, se te ocurre una brillante idea: crear una campaña de anuncios para atraer personas a tu sitio web.

bloqueo en Facebook. Crear un anuncio

Como todos sabemos que Facebook vive de los ingresos por publicidad, piensas que con esta estrategia conseguirás sortear el bloqueo; o, al menos, recibir alguna información que despeje la densa bruma que se cierne sobre tu web.

¡Ah! ingenuo; lo que te aparece es algo parecido a esto:

bloqueo en Facebook. bloqueo anunciopero en el que te indica que “el destino que indicaste no se puede promocionar en este momento. Detectamos que el contenido de tu sitio no es seguro y ha sido bloqueado”.

En el fondo te lo esperabas, así que vuelves a informar a Facebook de que se trata de un error a través del formulario que se abra el pinchar en “avísanos“.

Y ¡oh! sorpresa, esta vez sí recibes respuesta por correo electrónico. Es una respuesta automática, pero algo es algo:

Thanks for taking the time to submit this report. While we don’t currently provide individual support for this issue, this information will help us identify bugs on our site.

bloqueo en Facebook. RespuestaBásicamente, que te aguantes, que gracias pero que no hay nada que hacer.

Te has hartado de buscar en artículos, apuntes, reportes, comentarios, foros, ayudas… cualquier pista que te indique qué más puedes hacer o a quién puedes recurrir. Pero estás solo.
De nada te ha servido tu impecable comportamiento desde que te diste de alta en 2008; ni tu (modestia aparte) exitosa trayectoria como Community Manager y/o Consultor en Social Media; ni tu legión de seguidores bien dispuestos… A Facebook les das completamente igual.

A estas alturas, ya habrás comprendido el auténtico alcance de la situación: si el bloqueo lo era para tu página personal, por la que no recibes apenas ingresos, el asunto es menor; pero si el bloqueo le ha afectado a la web corporativa de tu empresa o de una empresa que te paga por tus servicios, o que vive de su presencia digital, tienes un problema grave.

¿Y ahora qué?

Tendrás que esperar seis ¡6! meses para que el asunto se arregle por sí solo.
Ese día verás que puedes volver a compartir los contenidos de la web bloqueada. Y tiene toda la pinta de que se ha tratado de una situación temporal automática, que se ha revertido pasado un periodo de tiempo arbitrario aplicado de forma preventiva.

Y seguirás sin saber por qué se produjo el bloqueo, por qué nadie te ha contestado nunca a tus requirimientos de información, por qué Facebook no tiene una política clara al respecto, por qué se esconde detrás de un algoritomo, y, lo que es peor, seguirás sin saber si algo de lo que has hecho ha servido de algo.

Quizá esperabas alguna receta mágica, o alguna solución infalible. Lamento que no haya sido así. Solo te he contado un caso real, por si te sirve de ayuda alguna vez.

Si tienes algo que aportar, será bienvenido y debidamente incluido.

“En internet lo más importante es saber escuchar”

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P: Uno de los grandes dilemas de las empresas es enfrentarse a las redes sociales, donde el trato con el cliente es directo. ¿Cómo se ha de gestionar una cuenta en Facebook o Twitter para que no sea contraproducente? 

R: El error inicial es pensar que puede ser contraproducente. Es verdad que ha habido muchas empresas -y personas- que han sufrido casos muy sonados de crisis de reputación por el efecto de las redes sociales.

Pero siempre ha sido por culpa de una mala gestión, falta de planificación, deficiente ejecución o simplemente torpeza o exceso de petulancia.

Una queja o una reclamación valen su peso en oro, porque nos muestran dónde están nuestros fallos. El siguiente paso es tener voluntad de afrontar y solucionar los problemas.

P: ¿Qué es lo más importante que cualquier emprendedor tiene que saber a la hora de adentrarse en el mundo digital? 

R: Tiene que tener claro de antemano qué quiere decir o vender, a quién se quiere dirigir, dónde lo quiere contar y con qué recursos cuenta, tanto materiales como humanos, para desarrollar esa tarea.

Pero lo más importante en internet es saber escuchar: saber qué dicen de mí, dónde lo dicen y en qué términos. Solo así podré reaccionar y actuar en consecuencia para corregir errores y potenciar mis cualidades.

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Lee la entrevista completa en el periodicoelcurso.com: “En el mundo digital, lo más importante es saber escuchar”.

El Periódico El Curso es una publicación editada por el Centro de Estudios Adams, con el que colaboro como docente en temas de Social Media, Posicionamiento, Gestión de Contenidos y Comunicación Digital.

@Adamsformacion

Plazo, precio y calidad; el cliente elige dos; el proveedor, la otra

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Cualquier trabajo descansa sobre 3 variables: Plazo de ejecución, Precio y Calidad. Como cliente puedes elejir dos de ellas; como proveedor, la tercera.

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Un trabajo, cualquier trabajo en realidad, descansa sobre tres conceptos fundamentales: el precio, la calidad y el tiempo de ejecución.

Da igual si se trata de una consultoría sencilla o de la construcción del canal de Panamá.

Las discrepancias entre cliente y proveedor son habituales cuando el resultado no se ajusta a las expectativas que cada uno tiene creadas en torno a esos tres fundamentos.

Normalmente, en los contratos que se suscriben entre cliente y proveedor de producto o servicio suelen estas claras las condiciones; pero no siempre es así; es más, normalmente no es así.

Y una vez en marcha, es complejo modificar condiciones y actitudes.

Antes de empezar define claramente 2 aspectos, tanto si eres proveedor como si eres cliente:
1.-  En qué consiste la oferta:

  • objetivos que se persiguen, realistas y medibles;
  • medios disponibles;
  • recursos necesarios;
  • calendario de ejecución;
  • valoración económica justa: ni precios de derribo ni tasaciones absurdas.
  • forma de pago explícita.
  • plan de acción en caso de extras, imponderables o imprevistos.

Recordad que luego se os exigirá en función de lo prometido. Así que más vale que esté todo claramente definido de antemano.

2.- Una vez aceptada la oferta, en los términos acordados, cumple con lo establecido, en fondo y forma.

Y exigid que el cumplimiento del acuerdo sea mutuo: sin abusos, supuestos, retrasos, evasivas o “poyaques” (pues ya que estamos…).

Pero como las negociaciones no siempre son así de “profesionales”, podemos resumir todo el proceso en esta sencilla ecuación:

El cliente tiene “derecho” a elegir dos de las tres variables; el proveedor, la que quede.

Decíamos: Precio, Calidad, Plazo. Juguemos.

Hay tres posiblidades, entendiendo que el cliente siempre intentará presionar en los 3 aspectos: que sea barato, que sea perfecto y que “lo quiero para ayer”.

– Quien elije Precio y Calidad, debe ser flexible con el Plazo de entrega; el trabajo bien hecho suele requirir de más tiempo de planificación, ejecución y revisión.

– Quien prefiere Plazo y Calidad, tendrá que asumir un Precio más elevado, por la mayor asignación de recursos que requirirá el proyecto;

– Elegir Precio y Plazo siempre redundará en la Calidad; las prisas no son buenas y por poco precio no conseguirás un profesional cualificado o no obtendrás toda su dedicación.

calidad vs precio

Caer en la tentación de ceder las 3 variables es garantía de relación insatisfactoria: hacer algo de calidad óptima, a precio inigualable y en tiempo récord es imposible, os prometan lo que os prometan, prometáis lo que prometáis.

Esto no está reñido con la optimización de los recursos y con un gran servicio.

• Imagen sacada de Los 4 factores de éxito en un proyecto de TI.