Cuenta la leyenda que una serpiente vió pasar una luciérnaga y se puso a perseguirla.
La luciérnaga trató de huir pero la serpiente seguía tras ella.
Así un día, y la serpriente no desistía; dos días y la serpiente seguía en su empeño.
Al tercer día la luciérnaga paró exhausta y se dirigió a la serpiente:
- ¿Puedo hacerte tres preguntas?
La serpiente respondió:
- No acostumbro a conceder ese derecho a nadie, pero como te voy a devorar igual, puedes preguntar.
- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?, preguntó la luciérnaga.
- No, contestó la serpiente.
- ¿Te he provocado algún mal?, insistió la luciérnaga.
– No, volvió a responder la serpiente.
- Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
- Porque no soporto verte brillar.
———
Ésta fábula la oí en el programa “otros acentos: otras lenguas“, de Radio 5 y Radio Exterior de España
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Que fuerte. La envidia hace cosas que dan miedo. Muy bueno.
¡Pobres animales!. Me pregunto por qué trasladamos a los animales las miserias humanas. Ellos no se comportarían así.
Genial fábula, jajaja. Qué mala leche tiene la serpiente. COmo muchas otras de 2 piernas, jeje.